478. Vuelvo en verano
… eso dije. Y no fue así. No porque yo no quisiese, pero no fue así. Unos pocos muy buenos amigos que había hecho en cuestión de meses se quedaban atrás mientras yo agarraba mis cosas más confundido que triste, y me montaba en un avión con la mente en blanco y sin saber qué sería lo siguiente.
De eso no ha pasado mucho tiempo, pero demasiado. He llorado. Reído. Discutido de todas las formas posibles. Luchado. Follado. Hecho el amor. Visto mundo. Crecido. Perdido peso. Redescubierto a mi persona. Me he intentado reinventar. Aprendido. Perdido muchísimo. Y también ganado no menos. He estado encerrado en una habitación en lo más abajo que podía estar. O pedaleando solo y sin dinero en bici por Barcelona en lo más alto, pensando que ninguno de vosotros será nunca tan rico como lo soy yo. He conocido muy bien a personas que no olvidaré (o eso espero). He pedido ayuda a mi manera… y luego no he dejado que me ayuden.
Como aquel que dijo que todo se repite, esta mañana de madrugada cogían el avión y volvían a sus casas unas personas que seguramente aún sigan llorando por lo que dejan atrás. Diez años más jóvenes de lo que yo lo era, pero con la misma hambre por descubrir y agarrarse a las cosas. Soy yo uno de los que se quedan en tierra escuchándolas decir que volverán pronto y, aunque sé que lo dicen de corazón y porque realmente lo piensan y desean más que nada en el mundo… no ocurrirá.

477. Agradecido

“Es de bien nacido ser agradecido” dice el refrán y mi abuela se pone más contenta cuando digo “gracias”, que cuando digo “me cago en la puta”… o “te reviento la puta cabeza hijo de la gran puta” (pregúntale a mi hermana, con lo bien que hablo yo…)
Y tanto es así, que aunque tenga ocho borradores para entradas en el blog, dos o tres más en el iPad y pocas ganas de escribir o sentarme al ordenador, no podía dejar de compartir mi agradecimiento a las personas (por lo menos tres) que han devuelto las provisiones a esta destartalada casa y acentuado la sonrisa en mi estómago.
Por el udon de Gotou (que no te engañen, de verdad es el mejor), las algas aji nori, el furikake con sabor a sukiyaki, el sésamo tostado, el sésamo en polvo, las mascarillas de relax para los ojos, el miyako kombu, la cantidad de tes (que no pienso probar ninguno), los calcetines de pelo de ese que no quieres dejar de tocar, las galletas senbei, los sobres de salsa tarako para pasta (guardo como el gran tesoro que son los que me quedan –que son pocos– de la visita de mi amigo Ikusuki y aunque hay alguno al que la fecha de caducidad le venció hace un par de semanas… ahora que vuelvo a tener provisiones, los que trajo el señor Toscano los gastaremos muy pronto y felices), ¿por dónde iba? … las cremas coreanas para cuidados de la piel, medicinas, sobres de dashi, zapatillas, periódicos y especialmente por esos seis pequeños kimonos hechos todos a mano, y todos con cortes y tejidos diferentes.
Gracias otra vez.
476. A5 [Almogavers Barcelona]
Esta entrada va con retraso, pero he estado (y estoy) un poco liado y no he encontrado el momento para sentarme y escribir cuatro frases.
Anteriormente había tenido la oportunidad de asistir a ver K-1 en varias ocasiones. Esta vez la ciudad no era japonesa, ni el deporte en cuestión se limitaba a estar de pie. El pasado sábado 4 de junio se celebraba el A5, quinta edición del evento de MMA más importante de España.

En esta ocasión tendría la posibilidad de ver pelear a gente a la que ya había visto de cerca entrenar o dar clase, como Ray Boixader y Titín del MMA BCN Team, pero sobretodo, tendría la oportunidad de seguir un poco de cerca las semanas antes de preparación de Carlos Calderón del Cerdanyola Fight Club, profesor y compañero de clase, que pelearía contra Alex Doncel del Sasori Team.
Dolores por entrenamiento y pérdida de unos ocho o diez kilos para dar el peso (-68 Kg), pero muchos ánimos por tener la oportunidad de entrar en cartel y competir en tan importante festejo deportivo.

Ambos contrincantes dieron el peso el día antes y el mismo sábado nos reuníamos bastantes en la puerta del gimnasio para darle apoyo a gritos en el Hotel Hesperia Tower. Una organización genial para esta joven competición que como ya he dicho, se encuentra en su quinta edición, pero que de verdad, y a una menor escala, bajo mi punto de vista, no tiene nada que envidiar a cómo esta organizado el k-1 en Japón. La cantidad de espectadores es muy diferente, el cariño que se ha puesto en la organización no.
No tuve la suerte de poder estar a pie de octágono con cámara en mano, otra vez será.
Carlos Calderón ganó por KO en el primer asalto e hizo que todo el esfuerzo físico y psicológico (que no fue poco) fuese recompensado.




José Luís Zapater “Titín” también se alzó con la victoria por KO en el primer asalto.
Ray Boixader, claramente decepcionado, no pudo pelear porque su contrincante (el mismo que le había pedido la revancha) cancelaba el combate debido a un dolor de barriga y pese a encontrarse en una habitación del Hotel Hesperia Tower, no hacía acto de presencia para justificar su indisposición para pelear (supongo que dicha molestia le impedía moverse de la cama o el retrete…)
También del MMA BCN Team, Rogent Lloret (5º de Europa en peso pesado), que se incorporaba al cartel de los últimos después de que David Aranda (3º de Europa en -61,2 kg), debido a una rotura de ligamento externo de la rodilla durante un entrenamiento no pudiera pelear, consiguió su victoria sobre el suizo Haris Reisz sometiéndolo a kata gatame en el primer asalto.
Si tenéis la oportunidad de asistir como espectadores a próximas ediciones de Almogavers Barcelona, no la dejéis pasar… es un evento que va mucho más allá de “dos tíos dándose puñetazos”. Se respira esfuerzo, deportividad y sobretodo respeto por el rival y la lucha como deporte.
475. El otro cuento de la liebre
Al cabo del día camino mucho. Para ir al gimnasio, por ejemplo, camino cincuenta minutos para hacer la clase, y lo mismo, o un poco más por el cansancio, para volver a casa.
El trayecto es que es una mierda, paso por un polígono industrial bastante grande, cruzo unas carreteras nacionales con coches circulando a más velocidad de la debida (como yo hacía cuando era conductor), unos puentes por los que apenas se puede andar… otra zona de fábricas, una residencial… En un tramo del camino hay liebres silvestres que se esconden y corretean por la pequeña colina de matojos cerca de la peligrosa carretera. Siempre que paso por ahí me gusta verlas dar saltos con sus colas blancas y espaldas marrones. Son libres y yo no.
Hoy, mientras caminaba a paso ligero, me he dado cuenta de que una liebre comía de unas plantas debajo del quitamiedo. Al verla por sorpresa me he echado un poco hacia atrás y ella ha salido corriendo en dirección a la carretera. He dicho “¡no!” y lo primero que se me ha pasado por la cabeza ha sido darle una patada para sacarla de su camino… Lo segundo que quizá le hacía daño, que cruzaría corriendo y que estaba acostumbrada a ello…
A dos metros de mi, el segundo coche le pasaba por encima de las patas delanteras y la dejaba retorciéndose en el asfalto. Quieto, miraba a mi izquierda para encontrar un hueco entre los coches a más de cien kilómetros por hora para sacarla de ahí en medio. El quinto le pasaba por encima de la cabeza.
Los accidentes pasan… y éste que hoy he causado yo en menos de diez segundos… me ha jodido en el alma.
De verdad que lo siento mucho…
474. Estoy volando

Hace tiempo te lo dije, mira (no te asustes con el enlace, ya vamos por el número 474), soy uno de esos bichos raros que disfrutan en los aeropuertos. No, no volando, ni siquiera viajando, hablo de aeropuertos. Me gusta improvisar. Que sumado a mi poca preocupación o despiste puede hacerme pasar las cosas, o penas, más curiosas que me pueda imaginar en un recinto enorme lleno de pasillos sin fin, simetrías, líneas, techos altos, espacios vacíos, movimiento, cuadrados, horizontes, tiempo, gente, ruido, colores, soledad, silencio…
Podría no coger ningún vuelo y seguir pasando horas comiendo comida rápida de pésima calidad y mirando tiendas de souvenirs inútiles e inservibles… Perdiéndome en el infinito de los pasillos o el reflejo de los cristales y espejos viendo a las máquinas alejarse. No necesito volar. Puedo sentarme en cualquier sitio intentando adivinar idiomas, imaginar historias o seguir caderas hasta dejarlas sin ropa y señaladas en mi mente… Quiero no volver a casa, sentir que estoy lejos y añoro mi cama, mi viejo sofá… y que el suelo que piso no pertenece a nadie aunque sepa que sigo en Barcelona.
Que me digan otra vez “vamos a follar al baño”; volver a dormir agarrado a mis cosas en un banco rodeado de miles de personas; agotar otra vez la batería de mi cámara grabando un vídeo para ti entre lágrimas diciéndote que te quiero y que siento haberte hecho daño, suplicar de nuevo que me dejen intentar facturar; tirar cosas en el suelo encerado por exceso de equipaje; desear romperle la cara a una azafata por volverme a decir “no es mi problema”; ver como un amigo y su novia se alejan hasta vete a saber cuando, ver como una novia se aleja hasta vete a saber cuando, ver como una novia se queda y yo me alejo hasta vete a saber cuando… Que me digan “hasta pronto” y otra vez sea mentira; me vuelvan a encerrar en el cuartelillo mientras comprueban si es cierto que voy donde digo…
Lo mejor de un viaje, posiblemente sea el aeropuerto…

473. Tú, yo, química y distancia
Rosa, mi profesora de pintura, historia del arte… en mi época de bachiller, decía que la belleza no se encuentra en los sujetos o las cosas, ni tampoco en la persona que se siente atraído por ellas. La belleza es, decía ella, lo que hay en la distancia entre “la cosa” y el que la contempla. Ese espacio vacío y sin nada es donde está la belleza. Cabe en espacios grandes y minúsculos. Se ve estando a milímetros o kilómetros. Incluso con los ojos cerrados.
Pau, un amigo y compañero de trabajo de mi época universitaria decía que todo en la vida son reacciones químicas, que cosas como el alma, la muerte, el amor, el odio e incluso las personas… no somos más que química.
No entendía estas opiniones en su día y las discutía, tampoco digo que tuvieran razón, pero sí que ahora las comparto.
