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490. Pasta para ramen
A los pocos días de tener el libro, empecé a divertirme.
Antes había hecho pasta un par de veces, pero era más una especie de espaguetis resultones producto de mezclar unas cuantas recetas que había encontrado por ahí. No estaban mal para llenar mi estómago, pero sin duda no era algo que hubiera dado de comer a alguien para impresionarle.
Así pues, libro en mano y centrado en la pasta, cacharros e ingredientes de por medio me puse manos a la obra. Mezclé. Dejé reposar. Comprobé la textura un poco falto de conocimientos. Amasé. Volví a amasar. Dejé reposar. Llevé a la máquina de hacer pasta. Volví a amasar. Una y otra vez… Y corté. Con el primer corte vi el primer gran error. Fatal. Pensaba que eran rollos demasiado largos y había cortado la pasta antes de pasarla por las cuchillas en piezas de aproximadamente veinticinco centímetros. Ahora me era imposible poner fécula de pata y guardar en buenas condiciones (grupos individuales del mismo peso aproximado). El resultado no era malo, pero estaba más lejos de ser bueno… ¡Qué coño! era malo, muy malo.

Pese a ello, cenamos un ramen dos días más tarde que, siendo generoso, le daba una nota de 2 sobre 10, aunque la pinta del bol con todos los ingredientes no era tan mala.
A los pocos días volví a las andadas. Un sábado a la una de la mañana. Volví a mezclar. Mismas cantidades. Dejé reposar. Mismo tiempo. Amasé en un único bloque. Volví a amasar y ya la empecé a notar la masa más blanda que la vez anterior. Pensé que quizá me había pasado con el agua, pero estaba segurísimo de que había puesto ese “aproximadamente 90% de 460 gramos de agua” (se reserva un 10% por si la mezcla estuviera seca y necesitase más). La dejé reposar y me la llevé a la máquina de hacer pasta. Copié mis pasos y… tremendo fracaso. Era incapaz de cortarla. Cada vez que lo intentaba, la masa se pegaba entre los rodillos manchándolo todo, quedándose pegada y robándome el ánimo a pasos agigantados a las tantas de la madrugada. Tras varios intentos fallidos. Más de dos horas de trabajo. Rondando las tres de la mañana… tiré la toalla. Lo dejé todo como estaba y sin pasar por la ducha, sucio, con un humor de perros y un bajón de cojones… me acosté.
La mañana del domingo quise seguir “jugando”, pero la masa estaba dura y se cuarteaba con facilidad. Todo a la basura y duro trabajo de limpieza.
La siguiente semana no quise hacer pasta. Vale, sí, miedo a volver a fracasar ¿y qué?… Así que me centré en los huevos hanjuku… y días después, cuando empezaban a parecer hanjuku de verdad, pensé que era momento de volver a la harina y el agua… aunque odio ensuciarme las manos trabajando. Con un par de excusas maravillosas que conseguí colarme a mí mismo, me hice un par de fintas y evité ponerme manos a la harina una semana más. No tengo ingredientes. Ahora ya no son horas. Me duele la espalda del gimnasio. Uy! Tengo trabajo al ordenador. ¡Qué se yo!
Mientras, encontré una tienda en Barcelona que me cautivó con su colección de harinas, arroces, legumbres de venta a granel. Así que compré harina de soja para hacer kinako gyūnyū con miel artesana de eucalipto en estas noches de frío, fécula de patata, harina de kuzu y una harina italiana especial para hacer pasta. Un poco más cara de lo normal, pero asumible. Algo reticente por el hecho de que los fideos de ramen no son pasta italiana… pero creo que eso son tonterías. Por lo menos hasta que la pruebe. Es harina de trigo.
… y con ganas y fuerzas renovadas, volví a encerrarme en la cocina. Tercer intento. Mismos pasos. Corrigiendo errores. ¿Qué opinan?

489. Divertirse haciendo pasta con la máquina de hacer pasta

En su momento, y tiempo después, el libro de cómo hacer makizushi creativo fue una sensación. Vale, por mi estantería ronda y no he probado de hacer ni una sola receta de todos esos malabarismos que recopila. Ni intención tengo. Pues bien, desde hace bien poco, se une a la familia este otro libro “Pastamashin de men dōraku”… algo así como “Divertirse haciendo pasta con la máquina de hacer pasta”. ¿Alguien sigue sin saber de qué va esto?
Una maravilla, oiga. Un romance a primera receta. ¿Y es que a quién no le gusta la pasta? Algún despistado habrá pensado “¡a mi!” mientras me leía… ¡te quieres ir!
Sencillo y lleno de buenas y apetitosas fotografías, empieza explicando cómo elaborar tus propios fideos, cómo cortar la masa con la máquina de hacer pasta, métodos de almacenaje, tiempos de cocción… Udon (goma, tōgarashi, yuzu, yukari), soba, reimen y pasta (espaguetis, tallarines…)


Por si eso no fuera suficiente: ingredientes, cómo amasar la pasta a mano, tiempos de reposo, cómo amasar y preparar la pasta en la máquina, cortarla, tiempos de reposo y secado, almacenamiento… bla bla bla… Incluye, además, unas cuantas recetas la mar de útiles. Desde una variación del ya clásico en mi casa nattō udon (aquí sin tortilla servida en finas tiras y pepino), los famosos yakisoba (aquí al vapor, apunten los que abogan por una versión más saludable), hasta diferentes tipos de platos de pasta italiana “a la japonesa”, pasando por variedad de (esto hay que aprenderlo) reimen y sin olvidarnos del motivo de la compra: la receta de ramen. Sí. Elaboración de pasta y algunas cositas más para hacer un sencillo ramen casero. Y eso es lo que vamos a hacer… poco a poco…



Vale no, poco a poco no.
Las últimas semanas he estado haciendo pruebas y buscando información extra todos los días. Fideos, huevos hanjuku y chaashuu sobretodo por ahora. Ya he perdido la cuenta de huevos hanjuku fallidos que me he comido en menos de una semana, pero algunos más de una docena. La evolución es práctica… hay que practicar todos los días. Todos. Hoy también.
484. Comer japonés
Yuichan, nos mandó un mensaje unos días antes de su cumpleaños diciendo “El día tal es mi cumple, ¡ojala pueda comer sushi bueno!”, así que le preguntamos si tenía con quién pasar el día y dijo que no. Oye, quedamos con ella para comer un viernes y pensé que sería buena idea invitarla, que estar sola en Barcelona el día de tu cumpleaños seguramente no es lo que toda chica desea…
Y claro, me tocaba buscar restaurante en el que ¡ojalá se pueda comer sushi bueno! Yo, que no suelo tocar esas cosas porque me parecen que tienen el precio extremadamente inflado por una moda que se alarga inexplicablemente… Así que me dispuse a buscar en la web de comerjapones.com, porque no me cabe duda de que Roger Ortuño (el autor) sabe más que yo de cocina japonesa. Y así llegué a Bun Sichi, que en su tarjeta de presentación rezaba “especialidad en sushi y sashimi”.
Afortunado de tercer apellido. Yo. Me planté allí un viernes al mediodía con dos jóvenes chicas guapas japonesas. Bun Sichi. El local en sí no es muy de mi estilo, pero es bonito. A mi me gustan los ambientes más cálidos, románticos, maderas y papeles a los diseños modernos, pero eso son gustos personales y el restaurante en cuestión está muy cuidado y no puedo hacer una mala crítica, ni tengo intención. Nos sentamos y pedimos… Menús de mediodía de un viernes y unas cuantas piezas caras de nigiri sueltas.
Mi parte llegó. De entrante un tofu no teriyaki breve pero muy bueno, me gustó. El plato principal era un poco de sushi variado… en estos casos me suelo acordar del restaurante de sushi barato que había en el barrio donde yo vivía en Yokohama… ese al que sólo vas porque es el que más cerca te queda de casa… y pienso “¡ojalá este que me ha costado nosecuantos euros fuera igual de malo que aquel!”. Y efectivamente… el sushi no estaba a la altura del susodicho. Mis guapas acompañantes, por aquello del honne y tatemae decían que sí con la cabeza y que regular con la cara… El colmo, el nigiri de anguila, uno de mis favoritos, era una especie de chicle muy caro intragable, había que pelearse mucho… Las damas, con el ceño fruncido se limitaron a decir “¿Esto qué es?” y “¡Esto no es anguila!”. Y para suerte de todos llegó el postre: una tempura de manzana con helado, muy fina, muy bonita y muy buena.
Ya en la calle, la reflexión, de los tres sobre el restaurante era que el servicio era bueno, tenía platos que estaban bien… pero el sushi era lo peor con diferencia. Ellas no entendían que el sushi estuviera tan sobrevalorado en Barcelona si el nivel de “sushi bueno según web especializada” era ese. Yo empezaba a darme cuenta de que la comida japonesa en Barcelona se estaba convirtiendo en algo muy diferente a lo que yo entiendo por cocina japonesa… a lo que yo he comido durante más de un año y medio en restaurantes japonés y otros tantos en mi casa. Y no digo que no puedan haber restaurantes fashion, digo que la mayoría venden mentiras. Y a precios muy caros.
Semanas después Roger en su web de comerjapones.com escribía un artículo haciendo una crítica a una recomendación que le habían hecho: el restaurante 99 Sushi Bar de Madrid. En un análisis educado, llegaba a la conclusión de que no cumplía sus espectativas. Y como formulaba una serie de preguntas al final, pensé que era un buen momento para comentarle mi opinión sobre el sushi del 99 Sushi Bar que aparecía en las fotos y mi desengaño con su recomendación del Bun Sichi. Creo que fui educado… y mi comentario después de ser editado quedó así:
Me pasó más o menos lo mismo en un restaurante después de leer que era uno de los mejores restaurantes para ti en Barcelona. Pese a que en su tarjeta pone que es especialista en sushi y sashimi, puedo decir que ni en restaurantes chinos he comido peor anguila (y no son nigiris baratos…)
Sobre el restaurante de Madrid que hablas, no lo he probado y no puedo opinar, pero voy a usar la frase de mi novia de que el sushi es un arte complicado que puede presumir de parecer sencillo. La mayoría de makis que comentas de este restaurante tiene salsas o especias (no solo furikake por lo queso ve en las fotos)… eso no es muy buena señal… para algunos entre los que me incluyo.Un saludo.
Y digo “después de ser editado” porque álguien, supongo que Roger o cualquier otra persona con permisos de administrador, borró el nombre de Bun Sichi de mi comentario. Yo la verdad es que no lo había puesto por hacer daño, pero como él escribía su decepción del 99 Sushi Bar abiertamente… pensé que las criticas educadas u opiniones no del todo positivas y sin la intención de hacer daño o mala publicidad eran bienvenidas… pues no. Y sin ningún tipo de explicación…
Joder, que no os engañen, estoy seguro de que ellos han estado en sitios más caros y bonitos, estoy seguro de que tienen grandes amigos chefs expertos en sushi, pero estoy mucho más seguro de que comer japonés es… esto:








































