Después de haber dado varias vueltas por la estación para asegurarme de que no había ningún sitio donde poder acomodarme, volví a tomar la salida Oeste, me senté frente a la tienda de conveniencia, justo donde poco menos de una hora antes había visto una cucaracha. Con una de las mochilas como almohada y agarrado a la otra con la intención de que si me quedaba dormido y alguien tiraba de ella me despertara… cosa poco probable, me tumbé en esas maderas duras como maderas. Cerré los ojos en busca de unos minutos de sueño para dejar pasar por lo menos media hora para volver a llamar a esa persona que había dejado tirada en medio de la nada sin absolutamente ni un duro de forma accidental. O mejor dicho, llamar a la persona que me había dado todo el dinero que tenía para que yo pudiera seguir mi viaje, y se había despedido de mi a las diez de la noche a muchos kilómetros de algún lugar que conociéramos… Volvería a meter una moneda de cien yenes en la cabina que me regalarían dos míseros minutos de conversación de los cuales uno y medio me los pasaría pidiendo perdón mientras me secaba las mejillas con la mano que no sujetaba el teléfono.

El cosquilleo de una araña en mi oreja derecha me hizo abrir los ojos y perder la concentración. Volví a mirar el dinero en mi cartera. Dos billetes de mil y una moneda de cien yenes. Volví a mirar la hora en el teléfono y apenas habían pasado siete minutos desde que la miré por última vez. Me senté intentando buscar la postura más cómoda agarrado a mis cosas…

Frente a mi, a unos cinco metros, se paraba en la sombra que proyectaba un árbol a la luz de las farolas un chaval con una camiseta y gorra Stussy. “Are you a tourist?” me dijo… sin muchas ganas de conversar repliqué “yup” moviendo la cabeza de arriba a abajo. En un inglés incluso peor que el mío, siguió preguntando “you lost train?“, “naah, I’m just waiting the first one to Nagoya airport at six am“. “Where are you from?“… “Spain“, “from Spain?“… “yup! from Spain“… Una conversación muy lenta y aburrida, como aquella vez que me pararon los mormones por la calle. Entonces el chaval se acercó un poco más dejando su cara a la vista y me dijo “do you want to come to my house until you come back to take the train?“. Con los ojos rojos analizando al veinteañero, le dije “man, I don’t have money to pay u“… “I don’t want money, I live right there and if you want to come, you are welcome“. Resoplé y acepté la invitación. Me sequé los ojos en la manga de mi camiseta como un niño y me dije a mí mismo que no era justo que a mi me ayudara alguien mientras la persona que me había dado todo estaba en la calle pidiendo dinero a desconocidos para poder volver a su casa. “No es justo”. Agarré mis maletas y le seguí hasta el portal del edificio contiguo al parque.

Entramos en el ascensor, pulsó el botón con el número cinco y en breve estábamos entrando en su apartamento de apenas veinticinco metros cuadrados. Lleno de ropa limpia y sucia por todos lados. Colgada de las cortinas. En el suelo. Sobre la cama. Quitó lo que había sobre el sofá de piel para ofrecerme asiento mientras apartaba las cosas sobre la cama para hacerse un hueco. Agarró un paquete de cigarrillos y me preguntó si me molestaba que fumase. “Shit! It’s ur house, and you are maikin’ me a big favor“. Encendió un pitillo, sacó de la nevera una botella de té verde y me ofreció. Denegué y empezamos a hablar.

Supongo que como cada vez que hablas con alguien que no conoces, las primeras preguntas son las mismas “¿qué te gusta de Japón?”, “¿por qué has estudiado japonés?”… pero después, poco a poco, la conversación se fue convirtiendo en algo más interesante y distendida. Como casi siempre también, como buen comedor y sin intención de que así sea, acabo pasando horas hablando de comida. “What’s your favourite japanese food?” preguntó, “man, fuck sushi and all those sushi tossers, best japanese food is ramen, no wonder“. Sonrió “Everytime that I travel out of Japan, first thing I want to eat when I’m back is ramen. Ramen is best“. Entonces pregunté yo “but wich ramen style u like? I hate this thin meat on Fukuoka’s ramen“. El chaval, que no paraba de reír, dijo “not so many people knows it, but best ramen is Yokohama style“. Me dejó de piedra “daaamn true!“. Le dije que había vivido durante un año en Hiyoshi y él que había estudiado dos años en la universidad a tres minutos andando de mi casa, la Keio. “Did you eat ramen there?” siguió preguntando, “Fuck, yes!” respondí, “What’s best one?“… “Musashiya!!“, pero el mostró disconformidad “nooo, Rasuta is better“. Entonces analizamos ambos restaurantes que sin duda eran los mejores haciendo dicha sopa japonesa. Yo dije “in Rasuta, da sits fixed to da floor that don’t let u get closer or far to da other people, and da j-pop bullshit music fo’ teenagers they play often sucks. Da name is RASuTA, they should play raw reagge, shit, da boss should say so to da people that do baito there!“. “Agree, agree, you are right” dijo, y no esperaba menos con un poster de dos metros de Bob Marley en su habitación. Pero, puso un pero “but noodles in Rasuta are better than in Musashiya“. “Ok, maybe, but rice is free in Musashiya, u must pay 50 yen for a very small bowl of plain rice in Rasuta. Man, I’m a big eater, I know what I’m talking about…” Me volvió a dar la razón pero no conseguí que se bajara del burro “Rasuta is better“. “Naah! U don’t have fuckin’ idea“. Entonces le expliqué lo mejor que pude con mi mal inglés mezclado con palabras en japonés “Musashiya mise is much more romantic, small and warm place, light makes the place much more comfortable. They have big rice murio de. Man, have a hot ramen bowl wit katamen and da big bowl of rice, scratch goma, put ninniku, deep da meat deep inside da bowl soup to it gets softer, take some spinach and put it on a side of the rice bowl, weet a nori, take it and eat it wit the rice… that’s amazing. Then u eat the ramen, sono ato, take some soup wit da spoon and put it in da leftovers of rice. Thaaat’s da best part… da stock of ramen has negi, meat, fat, goma, ninniku, nori, and makes the rice taste amaaazing!“. Mi nuevo amigo, sin poder cerrar la boca de lo que se reía me dijo “where did you learn to eat ramen like that?“. “Seito, I told ya: I know what I’m talking about. I’m a ramen masuta”. Unos cuantos cigarrillos más tarde y bastantes carcajadas, insistía en que Rasuta hacía el mejor ramen, pero que seguiría mis instrucciones para degustar semejante manjar la próxima vez que tuviera un “Yokohama style” delante.

Repasamos con detalle varios de los restaurantes de la zona que ambos habíamos catado en diferentes años y momentos, pero que a los dos nos habían gustado. Coincidimos en que para las pocas cosas que hay en ese barrio, hay muy buenos y baratos sitios donde comer. Le recomendé el mejor okonomiyaki que me he comido y me dijo que sin duda lo probaría cuando volviera a Tokio. Le recomendé el “restaurante de mi amigos” y le dije que dijera que iba de mi parte que sin duda le tratarían como en pocos sitios… Con los primeros rayos de sol, la cara del anfitrión entró en sueño y le dije que había llegado la hora de irme. Intercambiamos datos y le aseguré que volveríamos a encontrarnos y comeríamos juntos.

Agarré mi maleta. Mi mochila. Le di las gracias repetidas veces y el a mí “I wanted to talk in English with somebody, long time without using it and it’s getting worst very fast“. “Let’s keep in touch by mail” repliqué. Le di la mano por tercera vez “u have a brother in Barcelona“. Cerré la puerta y busqué la cabina de teléfono más cercana que me regalase dos minutos de conversación por una moneda de cien yenes.