Hoy es, sin duda, uno de los días tristes para el sumo. Hace no muchas horas el yokozuna de origen mongol Asashoryu, anunciaba en una rueda de prensa llena de lágrimas, que se retira. Deja atrás una carrera llena de controversia dentro y fuera del dohyō.

A mí, que personalmente me suelo identificar con las “personas malas” que se justifican con una causa (o yo creo que lo hacen), Asashoryu me gusta. Me gusta mucho. Su causa y justificación es muy sencilla: ama el sumo. Por encima de muchas otras cosas, de muchos comentarios, de otros rikishi educados y que saben guardar las formas. Asa ama el sumo y pongo la mano en el fuego por ello. Además, cargar con el peso de ser el más odiado de entre todos los competidores, no es poca la presión que debe ejercer en la cabeza y el corazón de uno, por muchos rivales que haya puesto en el suelo… Pese a eso, no es suficiente razón para destacar por malos modales en un deporte lleno de tradición, cortesía, respeto…

Desde mi punto de vista, el papel que hace en dicho deporte es muy importante. Una de las personas con más carisma, que no pasa desapercibida para nadie. Alguien a quien amas u odias. Por eso pienso que el sumo pierde a uno de sus hijos maleducados, pero que no por eso merece menos cariño que los demás. Los combates entre Hakuko y Asashoryu con prácticamente todos los espectadores deseando ver perder al, a veces, irrespetuoso yokozuna ya son historia.

Una lástima no poder volver a disfrutar de semejante espectáculo con el corazón en el puño apoyando a Asashoryu para que se alce con la victoria delante de todos los haters