Barcelona

451. Aurelio LOMOs Barcelona

Sólo hay un motivo por el cual, nunca me cansaré de hablar mal y quejarme de la ciudad de Barcelona: la amo.

Estas tres fotografías están hechas con una LOMO Horizon Perfekt por Aurelio Santos. Me encantan.

450. La otra fotografía

Hace ya bastante (tanto que no recuerdo cuanto) que David Morales tuvo la amabilidad de invitarme a formar parte de la exposición conjunta que se realizaba en la sala SOHO de Osaka.

Me dijo que quería hacer una exposición con fotos de mujeres desnudas indiferentemente de la calidad de la imagen, lo que le preocupaba realmente era que saliese carne “si se ve pelo, mucho mejor” insistió. Tras un largo rato de debate, conseguí convencerle de que prefería mostrar otro tipo de arte… que a mí eso de los desnudos sin justificación no me acaba de convencer… Bueno, hace tanto tiempo de esa conversación que es muy posible que no fuera así exactamente… sí, puede que no…

La fotografía que se enmarcó y se colgó en la pared de la galería junto a obras de gente como el mismo David Morales y muchos otros que no nombraré por respeto a las personas de las que no me acuerdo mucho (o nada)… fue la que sigue a estas líneas. Un disparo que realicé en mis vacaciones de enero de 2009. Recuerdo que, como un turista más, anduve caminando las calles de Barcelona recopilando instantáneas cámara en mano, para regresar a Yokohama y enseñarles paisajes urbanos, detalles y sitios de la Ciudad Condal a mis amigos coreanos, japoneses, chinos, madrileños (no, madrileños no, que les entra envidia y se enfadan…)

… pero la verdad no es si no que yo quería colgar otra imagen dentro del marco. La que pone fin a esta entrada. Fue entonces cuando David me gritó, me levantó la mano en un claro signo de violencia y gritó algo así como “¡si no salen tetas pon algo que esté mejor!”. Bueno, no estoy del todo seguro de que pasase así… hace tantos meses…

Seguí escarbando en mi biblioteca entre sollozos y sorbiendo mocos hasta que encontré la foto anterior, la de la Casa Batlló, obra del arquitecto Antoni Gaudí i Cornet (la casa, no la instantánea). Después de muchos minutos de ajustes y retoques (y es que cada vez estoy más seguro de que los fotógrafos –y aficionados– somos mentirosos… y nada objetivos… y que es mucho más mentiroso el que se intenta convencer de que sus obras plasman la realidad porque no han pasado por Photoshop pero sí por la mierda de minilab de Fotoprix –por citar uno– o el minisoftware de interpretación de jpeg de su cámara de 100€)… ¿Por dónde iba? Me he perdido entre tanto guión medio, puntos suspensivos y paréntesis… ¡Ah, sí! Después de trabajar largo y tendido la primera imagen. Levantarme del asiento. Mirarla de lejos (no muy lejos que se me juntan los detalles). Tomarme un chai caliente. Volverme a sentar… no me cabe duda que fue buena idea cambiar de opinión. Al raw que yo había escogido no le podría haber sacado tanta información y pese a que la composición de la foto de aquí abajo me sigue pareciendo más fresca y rica (sigo hablando de fotografía, no de cocina), aun pienso que hice una buena elección con la Casa Batlló.

Gracias David, por dejarme formar parte del evento y por ayudarme a escoger mejor mi trabajo. Un saludo.

436. I'm Workin': WTF JAM

El tito Aurelio trajo la idea, y entre los dos la trabajamos vía iChat para pulirla. Espacios. Grosores. Tamaños. A veces las cosas no son tan sencillas como parecen. Con otro homenaje a Run DMC, llegan las camisetas de las What the Fuck Jam Sessions que se podían comprar el pasado lunes en la entrada del mítico club de jazz Jamboree, en la Plaza Real de Barcelona. Todas en color negro y tallas que iban de la S a la XXL.

Si ya es un placer poder trabajar utilizando un diseño de Brent Rollins, aun lo es mucho más poder llevar una camiseta con tu trabajo el día que se celebra el 8º Aniversario de las What The Fuck Jam Sessions. Espectáculo musical de más de cuatro horas por cuatro euros. Todos los lunes. Desde hace ocho años. Un escenario al que se han subido a improvisar músicos de todo el mundo. Muchos muy famosos, otros menos conocidos.

Siempre recordaré una cena en Bélgica rodeado de gente de habla hispana. El chaval que se sentaba a mi lado me dijo que era músico (como muchos otros de los que compartían mesa), que había estado tocando en algunos sitios de Barcelona. Recordaba un local en el que la gente podía subir al escenario e improvisar con los músicos que allí habían. No recordaba el nombre, sólo que estaba en una plaza con palmeras cerca de la estatua de Colón y que dentro había mucha gente y muy buen ambiente.

A los que quieran comprar una camiseta WTF JAM, sólo os puedo dejar el mail de contacto (info@wtfjamsessions.com), o si estáis cerca, recomendaros que os acerquéis cualquier lunes desde las 21h hasta la 1.30h para formar parte de la leyenda, y es que, amigo, en pocos locales de Europa por no decir del mundo, encontrarás una media de cinco músicos en escenario y unos ocho o diez artistas diferentes durante más de cuatro horas por cuatro euros.

Como ha dicho todos y cada uno de los lunes durante ocho años Aurelio Santos al micrófono: Gracias por amar la música en vivo.

433. ¿Dos mejor que una?

Me encontraba yo photoshopeando unas cuantas (bastantes) fotos que hice el otro día para hacer una panorámica de la ciudad de Barcelona, y tras el largo rato que tardó mi blanco Mac Book en procesar las veintiséis imágenes, me encontré con esta sorpresa.

Amplié todo lo que pude para ver como había hecho la fusión y dónde podía estar el fallo y aunque si que lo hay, no me dejó de sorprender el resultado. Dos Sagradas Familias… ¿cual acabarían antes?

432. El precio de las cosas

El chaval, en inglés, me dijo que la entrada le parecía cara. Seis euros por media hora de espectáculo. Bueno, quizá no sea barata, pero piénsalo un momento, le dije. Si vas a comer una hamburguesa de mierda a cualquier restaurante de cualquier cadena, por seis euros te pueden poner un menú con de patatas fritas que en el mejor de los casos llevarán más de cinco minutos hechas, una cerveza o un refresco aguado que nada tiene que ver con la versión en lata o botella de la misma marca, y una hamburguesa de dudosa calidad, que con mucha suerte estará recién hecha. Para hacer semejante manjar, que degustarás en menos de diez minutos, hacen falta quizás tres personas…

Ahora pensemos que hay ahí adentro. Por una entrada de seis euros (cuatro si traes el flyer de publicidad que reparten por la calle), vas a ver a cinco profesionales. Dos hombres tocando la guitarra y metiendo feelings, una mujer cantando y una pareja bailando. Cinco profesionales trabajando para dar un espectáculo que haga a la gente disfrutar y llevarse una buena experiencia, sin necesidad de que sea de dos horas, del flamenco.

Si me preguntas si la entrada de seis euros por un espectáculo de música en vivo con profesionales durante treinta minutos me parece cara… te diría que no.

430. Impuesto revolucionario

Dando un garbeo por el casco antiguo de Barcelona con Giro, nos encontramos una tienda de ropa con algunas marcas japonesas. Lo que exponían en el escaparate, no eran las mismas colecciones que se podían encontrar en Tokio, la cual cosa confirmaba que sí, nos venden stocks y prendas descatalogadas de otros países a precio de temporada, ya que los precios, si cabe, eran incluso más caros.

Entramos a curiosear con los bolsillos pelaos y pocas intenciones de gastar… Él anduvo moviendo perchas ojeando ropa y yo me quedé un poco al margen.

Cuando el dependiente nos quiso explicar que las marcas eran niponas, que el dueño era Fulanito, que patrocinaba a Este o a Elotro,.. mi amigo le dijo que yo estaba viviendo en Tokio, a lo que yo apunté: Yokohama, y no dudé en comentarle que lo que tenía su escaparate, aunque no eran diseños feos, no era lo mismo que se podía comprar en Japón. El tío fue sincero y no me escondió nada, dijo que compraban las prendas en Hong Kong ya que las distribuidoras oficiales eran más caras (¿no me digas?) y que por no comprar a éstas, no tenían derecho a devolución o cualquier tipo de cambio. Después explicó cosas de economía japonesa, dijo cosas de las que no tenía la menor idea (lo cual tampoco es nada del otro mundo, si tenemos en cuenta que mis conocimientos de economía se resumen en los 20€ que pueda llevar en el bolsillo), habló de lo cara que está la vida en ese país (de eso si que sé un poco, pero por esta vez me limité a asentir) y de que las cosas allí son más caras porque los comerciantes tienen que pagar a los yakuza para poder tener negocios…

Nos despedimos y salimos por donde habíamos entrado.