Archive for the ‘Nihon’ Category

499. La caja llena de comida auténtica japonesa

with 5 comments

No hay mejor pareja que la que forman un adicto a las pequeñas compras por el placer de ver a otros alegres, y una persona que disfruta de esos pequeños (o no tanto) detalles. Es así como el “os enviaré una caja”, y aunque dijéramos “nada” a la pregunta de “¿qué más queréis?”, se convirtió en la aventura de “la caja llena de comida auténtica japonesa” (de casi quince kilos) por llegar a casa. Y no, ésta no ha sido fácil, pero revolcándonos desnudos en el contenido para fundirnos con él, ya no somos capaces de recordar que hace no tantas horas, no sabíamos si nos rebozaríamos en nuestros omiyages o solamente entre nosotros (que oye, tampoco está nada mal).

Y cuando me disponía a hacer la típica foto del contenido justo antes de quitarme la ropa para sentirlo con todo mi cuerpo, me he dicho “¿por qué no?” y he pensado que sería mucho más divertido hacer muchas fotos para que se viera todo con detalle a la par que analizaba embalajes en busca de posibles elementos que me pudieran lastimar o marcar mi delicada piel aterciopelada.

Así que, los que esperen algo más de esta entrada que un montón de fotos que rezan “mira lo que tengo y tú no”, ya habrán leído unas cuantas tonterías en estos dos párrafos y pueden pasar a su segundo blog favorito porque esta entrada no es si no una publicación para presumir. Bueno, no tanto para presumir, como sí para compartir nuestra alegría. Y seguro que ya saben que la alegría compartida vale por dos (y la alegría compartida para dar envidia ya ni os cuento).

Entonces, vamos a ver qué tenía “la caja llena de auténtica comida japonesa”, perdone que me ría de alguno, pero cuando leo la expresión “auténtica comida japonesa” hablando de algunos restaurantes a los que he tenido la desgracia de acudir, no tengo por menos que soltar una carcajada. Que digo yo: ¿qué es y que no auténtico? y… ¿si fuera fusión o de autor tendría menos valor? Es que no tengo ni idea, seguramente para muchos de los que no me leen, la auténtica comida japonesa mala, es mucho mejor que la buena comida en general.

Y dicho esto, los que quieran pueden seguir leyendo lo poco que queda y aprender conmigo (porque hoy he aprendido unas cuantas cosas), y el resto puede seguir haciéndole fotos a su sushi mayonesero para compartirlo en las redes sociales. Pasen y vean.

_MG_7785Ochazuke y ramen instantáneo

_MG_7786Karamucho (de karai = picante, y mucho = mucho)

_MG_7792 Hakata ramen instantáneo

_MG_7791 Pez volador deshidratado

_MG_7790 Nyumen instantáneo

_MG_7789 Sopa de wan tan instantánea y harusame

_MG_7788 Udon, soba y el clásico ramen de pollo instantáneo

_MG_7787 Curry japonés

_MG_7793 Houjicha

_MG_7810 Caldo de udon instantaneo y ensalada de algas deshidratada

_MG_7809 Estás noticias hay que leerlas en el diario aunque hayan pasado semanas

_MG_7808 Cosas dulces: chocolate y fotos

_MG_7807 Caldo para mizutaki (nabe de pollo) y sésamo tostado

_MG_7806Salsa para Gapao tailandés y preparado para okonomiyaki

_MG_7805 Alga kombu salada y kinpira de gobou y zanahoria

_MG_7804 Yuzukoshō verde y rojo, ponzu, sumiso (salsa de miso con vinagre) y salsa de soja

_MG_7803 Kōji (arroz inoculado) y Ghassoul

_MG_7802 Sopas, de huevo, tofu, gobo, negi y miso

_MG_7801Cuenta conmigo: un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete mochis

_MG_7800Tororo kombu y vieira deshidratada

_MG_7799 Oshiruko y kinako

_MG_7798 Mentaiko, tarako y chirimen zanshō

_MG_7797Furikake de katsuobushi y furikake de kombu (ambos naturales) y takana. ご飯のフレンド

_MG_7796Base para ochazuke (de fugu a la izquierda, de kombu en el centro) y dashi

_MG_7795 Kiriboshi daikon (nabo seco), calamar seco y sardina seca

_MG_7794Base para sopa china, dashi y alga nori con sabor

_MG_7813 Dos jerseys de Uniqlo

_MG_7814 ¿Un paraguas? Sí, yo tampoco lo entiendo

_MG_7812 Tarako ahumado

_MG_7811 Eihire (aleta de pez manta)

_MG_7815 Miso de Hita

_MG_7816 Ramen fresco de Ippudo

_MG_7817 …envasado, pero fresco (el mismo que se sirve en la cadena de restaurantes)

_MG_7818 “Dale las gracias a tu tía Mii”

_MG_7819 Cinco anguilas japonesas de Yanagawa

_MG_7820 Sí, a mi también me ha sabido a poco…

 

Written by fvalenciano

March 13th, 2014 at 5:21 pm

Posted in ELOVEE,Food,Nihon,Ramen

485. Una lección

with 4 comments

Dije “¡venga va, juntaos todos que vamos a hacer una foto!”, hicieron piña sobre mi cuñado con sonrisas enormes, apunté la Cheki 7s hacia ellos y el flash marcó la foto. Con escándalo la fotografía salía por la ranura donde esperaba mi mano. Entonces, hicieron piña para ver cómo había quedado y cómo habían salido todos. Incluso antes de que se hubiera formado la imagen, la instantánea empezó a pasar de mano en mano entre los pequeños que miraban sorprendidos y reían los unos de los otros. Al final volvió a las mías.

Uno de los niños aguantaba la mirada en mi y la cámara y estiré la fotografía para ofrecérsela, le dije “para ti”, y la cogió con alegría y sorpresa mientras los demás le felicitaban por afortunado con algunos gestos de envidia. Se la volvieron a pasar los unos a los otros a velocidad de vértigo. Se la empezaron a quitar los unos a los otros aun más rápido. El que parecía el cabecilla del grupo la agarró cortando en seco la alegría de todos y la acercó a mí “gracias señor, pero no la puede aceptar” dijo hablando de su amigo que no apartaba la mirada del retrato del grupo como hipnotizado. Y se susurraron algo entre ellos. Yo pensé “será aguafiestas el niño este gilipollas” y volví a ofrecérsela a su amigo que aunque la miraba con deseo… esta vez se negó a aceptarla. “Me cago en la mierda del niño este que acaba de jodernos la fiesta”, pensé insistiendo en que su amigo la cogiera… y se volvió a negar. Se sumó de nuevo el cabecilla diciendo que no, que no la podía aceptar… Hizo una pausa y añadió “si el la acepta, todos nos vamos a discutir por tener o mirar la foto con el chico de la camiseta del equipo de fútbol de España, y no quiero que nos peleemos con él o dejemos de ser amigos por eso”. Coño… pues no lo había pensado… cogí la foto y la guardé en mi cartera, el mocoso me había dejado de piedra. Momentos después, cuando acabé de reflexionar sobre la lección que me acababa de dar alguien con bastante menos de la mitad de años que yo, me giré, los conté a todos, uno, dos, tres, cuatro, cinco… “¡venga, poneos que vamos a hacer una foto para cada uno!” y saqué tantas veces como niños había, la misma foto. Fui repartiendo. Y cuando ya no quedaban manos, mi cuñado, con la camiseta del equipo de fútbol de España dijo que quería otra para él con el equipo de niños que nos habíamos encontrado en el autobús.

Ellos se apearon antes que nosotros tras darnos infinitamente las gracias. Se alejaban detrás del cristal paseando con sus mochilas y balones mirando las fotos de unos y de otros y riendo.

No juzguéis a un maestro por su edad.

Written by fvalenciano

August 27th, 2012 at 3:37 pm

Posted in Abstract,ELOVEE,Nihon

477. Agradecido

with 3 comments

“Es de bien nacido ser agradecido” dice el refrán y mi abuela se pone más contenta cuando digo “gracias”, que cuando digo “me cago en la puta”… o “te reviento la puta cabeza hijo de la gran puta” (pregúntale a mi hermana, con lo bien que hablo yo…)

Y tanto es así, que aunque tenga ocho borradores para entradas en el blog, dos o tres más en el iPad y pocas ganas de escribir o sentarme al ordenador, no podía dejar de compartir mi agradecimiento a las personas (por lo menos tres) que han devuelto las provisiones a esta destartalada casa y acentuado la sonrisa en mi estómago.

Por el udon de Gotou (que no te engañen, de verdad es el mejor), las algas aji nori, el furikake con sabor a sukiyaki, el sésamo tostado, el sésamo en polvo, las mascarillas de relax para los ojos, el miyako kombu, la cantidad de tes (que no pienso probar ninguno), los calcetines de pelo de ese que no quieres dejar de tocar, las galletas senbei, los sobres de salsa tarako para pasta (guardo como el gran tesoro que son los que me quedan –que son pocos– de la visita de mi amigo Ikusuki y aunque hay alguno al que la fecha de caducidad le venció hace un par de semanas… ahora que vuelvo a tener provisiones, los que trajo el señor Toscano los gastaremos muy pronto y felices), ¿por dónde iba? … las cremas coreanas para cuidados de la piel, medicinas, sobres de dashi, zapatillas, periódicos y especialmente por esos seis pequeños kimonos hechos todos a mano, y todos con cortes y tejidos diferentes.

Gracias otra vez.

Written by fvalenciano

January 24th, 2012 at 1:20 pm

Posted in Food,Nihon

467. Si me da el trabajo…

with 12 comments

Un traje de camuflaje. Eso es lo que era para mi aquel traje que me compré para la boda de mi primo. Capaz de convertir a un perro callejero en un salary man. Capaz de hacer que las profesoras de la escuela que no me prestaban atención cuando vestía de rapero me hicieran ojitos y se tocasen el pelo.

Traje de camuflaje puesto y portafolio en la mano. Fugitivo. Huyendo de quienes me buscaban. A dos días de coger mi vuelo de regreso a España. Con el sol llamándome en la espalda. Vistas al mar. Me derrumbé. Mis lágrimas tocaban el suelo del tren casi vacío a las diez de la mañana y la mano que siempre estuvo ahí se volvió a poner en mi hombro. Silencio. Sol y silencio. Y lágrimas. Muy lejos. Nunca había visto una linea de tren tan vacía a esa hora.

Llegamos y andamos durante al menos veinte minutos, cerca de una carretera polvorienta y ruidosa. Era un barrio pequeño y con muy pocas cosas. Faltaba aproximadamente un cuarto de hora para mi entrevista cuando entramos en la cafetería de enfrente. Recién abierta. Jazz. Pasteles. Cuadros. Café. Nervios. Lavabo. Dije “escríbeme en un papel: si me da el trabajo, no se arrepentirá“. Soy un cabezota. No me rindo nunca y dicen que tengo corazón de yakuza. Bolígrafo. Papel. Lo leí. Leí. Leí. Mi cabeza apenas podía recordar una sóla frase cuando salía como Rocky, como un perdedor, de la cafetería. Cruzaba la calle. Llamaba a la puerta.

Me desperté. Tenía frente a mí dos hombres sentados.

Me abrió un chico que me acompañó al piso superior. Me presentó al jefe. Éste a no sé quién. Bajamos al piso de abajo. Nos descalzamos y calzamos zapatillas. Entramos en una habitación con paredes de biombo. “¿Has traído el currículo?”. “¿Has traído el currículo?”. Silencio. “¿Has traído el currículo?”. “Bueno no… a ver…”

Me desperté. Tenía frente a mí dos hombres sentados.

“Sí”, respondí. Metí mi mano en la carpeta y lo saqué. Lo ojearon y me hicieron alguna pregunta más… pero volvía a estar en blanco y no escuchaba aunque los miraba a la cara. Completa y absolutamente en blanco. Como nunca me había, ni me ha vuelto a pasar. Cerró los papeles y me pidió el portafolio. Se lo acerqué. Me dijo que no hacían diseños tan creativos, que se dedicaban a maquetar panfletos para supermercados y tiendas. Un trabajo bastante monótono y que en una situación normal no hubiese dudado en rechazar. “Necesito el trabajo” dije. “Hay veces que nos tenemos que quedar a trabajar más de 8 horas al día…”. “Necesito el trabajo”. “Aquí pone que vives a más de una hora y media de esta oficina… ¿seguro que te va bien venir todos los días?”. “La verdad es que no vivo ahí, hace unas semanas se acabó el contrato del alquiler y ahora no tengo casa, podría buscar algo aquí si me dan el trabajo”. “¿Has venido solo?”. “No”. “¿Te está esperando afuera?”. “S픓¿Y si no consigues el trabajo?”. “Necesito el trabajo, si no, me tengo que volver a España dentro de dos días”. “¡No tienes casi tiempo! ¿Qué vas a hacer? ¿Tienes trabajo en España?”. Realmente el hombre estaba comprometido o actuaba excesivamente bien. “No, esta es mi última oportunidad, no sé qué voy a hacer y no tengo trabajo en España”. “Realmente es importante…”. “Necesito el trabajo”.

Me dijo que me dirían algo esa misma tarde por correo electrónico. Salí de su empresa tremendamente aliviado y ligero. Dudaba de qué y cómo me dirían que no. Pero desde que salí de la cafetería, sabía que ya había perdido… No me quise rendir. Salí con la más grande de las sonrisas porque por fin daba por acabada una mala racha (para darle la bienvenida a otra también mala –en otro sentido–). Cierto, la mano que se apoyaba siempre en mi hombro para darme ánimos en silencio, me esperaba. Al verme sonreir preguntó “¿eh?, ¿Ha ido bien?”. “No, ha ido fatal, me he quedado en blanco, les veía frente a mí y no les oía. No me podía ni mover…” “Eeeeeee… ¿Entonces?”

Entonces, dos días después volvía a España.

Written by fvalenciano

October 21st, 2010 at 5:32 pm

Posted in Abstract,ELOVEE,Nihon

459. Gunkanjima

with 6 comments

Cuando me desperté, pese a que apenas eran poco más de las nueve de la mañana, ya no quedaba nadie en la habitación. Las cuatro literas tenían las camas vacías, desordenadas y había silencio. Compartir habitación con desconocidos que no dan pie a entablar amistad o conversación (quizá yo tampoco lo hice y ellos pensaron lo mismo de mí), había sido una experiencia que no quería repetir por un tiempo…

Me acicalé, agarré mis cosas y salí por la puerta donde me esperaban. La siguiente parada era Fukuoka, de la que había oído hablar bastante bien, pero no había visto nada.

Camino a la estación de tren no pude evitar pedir una pausa en un restaurante acogedor para tomar un desayuno de campeón. El local por dentro era de lo más pintoresco, al parecer los dueños sentían una pasión por los gatos desmesurada y era imposible contar las referencias a ellos que allí se podían encontrar. Figuras. Fotos. Dibujos. Con el estómago lleno y sangre nueva (que quizá no buena) llegando a mi cerebro, seguimos andando.

Sentado en la la sala de espera de la estación de trenes de Nagasaki y esperando a que llegase mi Hotto Kyarameru Miruku Kohi Vanira o como quiera que se llamase lo que me iba a beber mientras esperaba el tren que me llevaría a Fukuoka, en la pantalla fija a la pared empezaron a aparecer imágenes de Gunkamjima, esa isla fantasma de la que ya había oído hablar pero sabía más bien poco. Pregunté si estaba cerca y con la respuesta afirmativa no dudé en modificar mi itinerario para hacer una visita.

No sabía que había estado cerrada, ni tampoco que la acababan de abrir no hace mucho al turismo. Saqué billetes para el barco que estaba casi completo y en breve estábamos rumbo a lo que hacía años había sido una de las zonas más ricas y activas de Japón (si no la que más). El barco era modesto. En la parte exterior explicaban las vistas por megafonía cual autobús turístico y en el interior, decorado con antiguas fotos en lamentable estado, proyectaban una y otra vez un documental de un viejísimo VHS con la imagen distorsionada por el uso repetido.

Al cabo de un rato teníamos los pies en la isla acorazado.

Con la imagen en ruinas de toda una ciudad (pequeña) era inevitable que a la mente vinieran referencias similares, cinematográficas sobretodo, pero una vez más la realidad se apuntaba un tanto contra la ficción.

Nos dividieron en tres grupos y nos repartieron por el pequeño camino transitable de la isla. Demasiado pequeño. Demasiado lejos del meollo. Quizá estando allí nadie sea consciente del peligro, pero dudo de que hubiera alguien que no quisiera pasearse por los edificios abandonados. Imposible (llegando a Gunkanjima con ese barco, claro). Aunque en alguno de los muros que teníamos frente a nosotros se podían ver enormes firmas y algún que otro graffiti, estaba totalmente prohibido pasar más allá de la barandilla blanca que rodeaba todo el circuito.

Tres paradas en el recorrido, desde donde explicaban las diferentes cosas que se podían ver. Dónde estaba la piscina olímpica. Cómo recibían suministro eléctrico de una isla cercana por debajo del mar. Cómo sacaban agua del mar para consumo y la desalinizaban. Dónde se abrió el primer cine de Japón. Cómo los que allí vivían tenían acceso a una gran variedad de productos que en muchos otros sitios no habían: frutas, carnes, aparatos electrónicos. Que en los 60, cuando sólo el 60% de los que residían en Tokio tenían lavadora, secadora y televisión, el 100% de las viviendas de Gunkanjima tenía estos electrodomésticos nada baratos en la época… Más información e historia del lugar aquí.

Dadas todas las explicaciones y con un sabor un poco agridulce por estar delante del fantasma, pero muy lejos… nos volvimos a embarcar para regresar al puerto de Nagasaki. Ahora sí, consumido por el calor, sentado en los viejos asientos de la parte interior del barco vi el documental con aires de NO-DO siendo imposible no sentir afinidad por la cantidad de familias que dejaron sus casas, escuelas, amigos…

Mientras el barco avanzaba y Gunkanjima, gris, se alejaba, imaginaba que no hacía mucho, sin miles de neones y muchas otras cosas, ese sitio había sido mucho más moderno y activo que Tokio. Había acumulado más vida por metro cuadrado… y más historias.

Written by fvalenciano

July 25th, 2010 at 5:11 pm

Posted in Abstract,Nagasaki,Nihon

453. Conversations wit a stranger

with 14 comments

Después de haber dado varias vueltas por la estación para asegurarme de que no había ningún sitio donde poder acomodarme, volví a tomar la salida Oeste, me senté frente a la tienda de conveniencia, justo donde poco menos de una hora antes había visto una cucaracha. Con una de las mochilas como almohada y agarrado a la otra con la intención de que si me quedaba dormido y alguien tiraba de ella me despertara… cosa poco probable, me tumbé en esas maderas duras como maderas. Cerré los ojos en busca de unos minutos de sueño para dejar pasar por lo menos media hora para volver a llamar a esa persona que había dejado tirada en medio de la nada sin absolutamente ni un duro de forma accidental. O mejor dicho, llamar a la persona que me había dado todo el dinero que tenía para que yo pudiera seguir mi viaje, y se había despedido de mi a las diez de la noche a muchos kilómetros de algún lugar que conociéramos… Volvería a meter una moneda de cien yenes en la cabina que me regalarían dos míseros minutos de conversación de los cuales uno y medio me los pasaría pidiendo perdón mientras me secaba las mejillas con la mano que no sujetaba el teléfono.

El cosquilleo de una araña en mi oreja derecha me hizo abrir los ojos y perder la concentración. Volví a mirar el dinero en mi cartera. Dos billetes de mil y una moneda de cien yenes. Volví a mirar la hora en el teléfono y apenas habían pasado siete minutos desde que la miré por última vez. Me senté intentando buscar la postura más cómoda agarrado a mis cosas…

Frente a mi, a unos cinco metros, se paraba en la sombra que proyectaba un árbol a la luz de las farolas un chaval con una camiseta y gorra Stussy. “Are you a tourist?” me dijo… sin muchas ganas de conversar repliqué “yup” moviendo la cabeza de arriba a abajo. En un inglés incluso peor que el mío, siguió preguntando “you lost train?“, “naah, I’m just waiting the first one to Nagoya airport at six am“. “Where are you from?“… “Spain“, “from Spain?“… “yup! from Spain“… Una conversación muy lenta y aburrida, como aquella vez que me pararon los mormones por la calle. Entonces el chaval se acercó un poco más dejando su cara a la vista y me dijo “do you want to come to my house until you come back to take the train?“. Con los ojos rojos analizando al veinteañero, le dije “man, I don’t have money to pay u“… “I don’t want money, I live right there and if you want to come, you are welcome“. Resoplé y acepté la invitación. Me sequé los ojos en la manga de mi camiseta como un niño y me dije a mí mismo que no era justo que a mi me ayudara alguien mientras la persona que me había dado todo estaba en la calle pidiendo dinero a desconocidos para poder volver a su casa. “No es justo”. Agarré mis maletas y le seguí hasta el portal del edificio contiguo al parque.

Entramos en el ascensor, pulsó el botón con el número cinco y en breve estábamos entrando en su apartamento de apenas veinticinco metros cuadrados. Lleno de ropa limpia y sucia por todos lados. Colgada de las cortinas. En el suelo. Sobre la cama. Quitó lo que había sobre el sofá de piel para ofrecerme asiento mientras apartaba las cosas sobre la cama para hacerse un hueco. Agarró un paquete de cigarrillos y me preguntó si me molestaba que fumase. “Shit! It’s ur house, and you are maikin’ me a big favor“. Encendió un pitillo, sacó de la nevera una botella de té verde y me ofreció. Denegué y empezamos a hablar.

Supongo que como cada vez que hablas con alguien que no conoces, las primeras preguntas son las mismas “¿qué te gusta de Japón?”, “¿por qué has estudiado japonés?”… pero después, poco a poco, la conversación se fue convirtiendo en algo más interesante y distendida. Como casi siempre también, como buen comedor y sin intención de que así sea, acabo pasando horas hablando de comida. “What’s your favourite japanese food?” preguntó, “man, fuck sushi and all those sushi tossers, best japanese food is ramen, no wonder“. Sonrió “Everytime that I travel out of Japan, first thing I want to eat when I’m back is ramen. Ramen is best“. Entonces pregunté yo “but wich ramen style u like? I hate this thin meat on Fukuoka’s ramen“. El chaval, que no paraba de reír, dijo “not so many people knows it, but best ramen is Yokohama style“. Me dejó de piedra “daaamn true!“. Le dije que había vivido durante un año en Hiyoshi y él que había estudiado dos años en la universidad a tres minutos andando de mi casa, la Keio. “Did you eat ramen there?” siguió preguntando, “Fuck, yes!” respondí, “What’s best one?“… “Musashiya!!“, pero el mostró disconformidad “nooo, Rasuta is better“. Entonces analizamos ambos restaurantes que sin duda eran los mejores haciendo dicha sopa japonesa. Yo dije “in Rasuta, da sits fixed to da floor that don’t let u get closer or far to da other people, and da j-pop bullshit music fo’ teenagers they play often sucks. Da name is RASuTA, they should play raw reagge, shit, da boss should say so to da people that do baito there!“. “Agree, agree, you are right” dijo, y no esperaba menos con un poster de dos metros de Bob Marley en su habitación. Pero, puso un pero “but noodles in Rasuta are better than in Musashiya“. “Ok, maybe, but rice is free in Musashiya, u must pay 50 yen for a very small bowl of plain rice in Rasuta. Man, I’m a big eater, I know what I’m talking about…” Me volvió a dar la razón pero no conseguí que se bajara del burro “Rasuta is better“. “Naah! U don’t have fuckin’ idea“. Entonces le expliqué lo mejor que pude con mi mal inglés mezclado con palabras en japonés “Musashiya mise is much more romantic, small and warm place, light makes the place much more comfortable. They have big rice murio de. Man, have a hot ramen bowl wit katamen and da big bowl of rice, scratch goma, put ninniku, deep da meat deep inside da bowl soup to it gets softer, take some spinach and put it on a side of the rice bowl, weet a nori, take it and eat it wit the rice… that’s amazing. Then u eat the ramen, sono ato, take some soup wit da spoon and put it in da leftovers of rice. Thaaat’s da best part… da stock of ramen has negi, meat, fat, goma, ninniku, nori, and makes the rice taste amaaazing!“. Mi nuevo amigo, sin poder cerrar la boca de lo que se reía me dijo “where did you learn to eat ramen like that?“. “Seito, I told ya: I know what I’m talking about. I’m a ramen masuta”. Unos cuantos cigarrillos más tarde y bastantes carcajadas, insistía en que Rasuta hacía el mejor ramen, pero que seguiría mis instrucciones para degustar semejante manjar la próxima vez que tuviera un “Yokohama style” delante.

Repasamos con detalle varios de los restaurantes de la zona que ambos habíamos catado en diferentes años y momentos, pero que a los dos nos habían gustado. Coincidimos en que para las pocas cosas que hay en ese barrio, hay muy buenos y baratos sitios donde comer. Le recomendé el mejor okonomiyaki que me he comido y me dijo que sin duda lo probaría cuando volviera a Tokio. Le recomendé el “restaurante de mi amigos” y le dije que dijera que iba de mi parte que sin duda le tratarían como en pocos sitios… Con los primeros rayos de sol, la cara del anfitrión entró en sueño y le dije que había llegado la hora de irme. Intercambiamos datos y le aseguré que volveríamos a encontrarnos y comeríamos juntos.

Agarré mi maleta. Mi mochila. Le di las gracias repetidas veces y el a mí “I wanted to talk in English with somebody, long time without using it and it’s getting worst very fast“. “Let’s keep in touch by mail” repliqué. Le di la mano por tercera vez “u have a brother in Barcelona“. Cerré la puerta y busqué la cabina de teléfono más cercana que me regalase dos minutos de conversación por una moneda de cien yenes.

Written by fvalenciano

March 6th, 2010 at 9:39 am

Posted in Abstract,Nihon,Ramen