ELOVEE
461. Vacío
Aug 13th
Cada vídeo personal que he hecho, en cada momento, era mucho más que unas cuantas imágenes con música de fondo. Lo eran para mi. Diciendo algo entre líneas muy posiblemente a mi mismo. El que monté sobre el oden, que me sigue encantando, expresaba la oscuridad del momento y algo muy directo, sin rodeos. Con el de la lavandería quería transmitir algo muy especial que sentía en un mal momento… me quedé contento con el resultado, pero nunca me ha gustado (incluso alguna vez he pensado en borrarlo). El de Sin título… es sin duda el más personal.
Repasando las cintas MiniDV encontré unas grabaciones antiguas y no pude resistir en montar el de hoy que ya sabía que se llamaría Vacío. No porque sienta vacío… o quiera expresar eso… no sabría explicarlo, no hace referencia a vacaciones, ni a nada que no sea abstracto… Es el vídeo más sencillo, por el montaje, que he hecho y el más complejo por los elementos, las formas… y asegurarme de que fuera… vacío.
Recomiendo auriculares y sonido alto… y siento mucho si alguien esperaba algo más explícito o que le hiciera pensar menos.
460. Algunas personas se mueren
Aug 3rd
En agosto del año pasado, de la noche a la mañana, cogí dos aviones, cuatro trenes y un barco para recuperar a alguien a quien quería pero no amaba y que, inmersa en la pena por la pérdida de alguien muy importante, se me escapaba y no podía tocar pese a que llevaba meses tocándola a miles de kilómetros de distancia. Apenas cuatro días después volvía a estar lócamente enamorado para, unos meses más tarde comportarme como quien no quiere a nadie y poco después volverlo a estar y… y… y…
Inés “la mona”, como la conocían en el pueblo por su hermosura que no por sus monerías, tenía noventa y cuatro años, muy pocas arrugas, y la mitad o más de las pocas veces que la iba a ver se echaba a llorar. Si me esfuerzo mucho, puedo encontrar en mis recuerdos alguna imagen de ella sin la ambolia que la tenía prácticamente todo el día sentada… pero no es nada fácil.

No recuerdo a mi madre. Nada.
A veces, pocas, imagino que llegará un día en el que ya no estaré. No veré ni a mi hermana, ni a mi primo… ni a esa persona tan especial que tú escoges y te escoge de forma incondicional… u otras tantas también importantes. La idea de la muerte me aterra. Me entran ataques de ansiedad. Lloro como un niño escondido en mis sábanas. Me falta el aire. No puedo sacar esa mierda de mi cabeza y cualquier momento para ese día me parece temprano.
A veces, pocas, estoy taaaaan de puta madre que me digo “Fran, tío, no me importaría si me muero ahora mismo”. Me da igual que me duela. Siento que ya lo he tenido todo y no necesito ni quiero nada más. Que es un buen momento para acabar. Para cortar por lo sano.
Magdalena dice que no se quiere morir, que le cambien el cuerpo, que el que tiene ya está viejo y le cuelga el pellejo de los brazos, pero que
456. Desktop ahora
Apr 13th
Tomé la foto con el nombre DSCF0242 a última hora de la tarde del 29 de marzo de 2009. No mucho después, la pondría en el escritorio de mi iMac G5 y se quedaría ahí hasta el día de hoy (y seguirá). Un negativo digital muy oscuro pese al ISO 1600 o la velocidad de 1/30 de segundo. No eran momentos fáciles (aunque tampoco los más difíciles) e incluso pasando un gran rato, hacer que mi cabeza se concentrase en otra cosa, era faena poco sencilla. Estaba quemando mis últimos ratos con Jongbum y Jang esta vez en un hanami improvisado en el parque Yoyogi con amigos de sus amigos de sus amigos… Alcohol, chicas guapas, música muy alta, ruido… todo lo que no hubiera elegido para un hanami. Entre el frío y las pocas ganas de estar ahí de los tres, les pedí a mis amigos que posaran para una foto.

Jang (a la izquierda) se incorporó, creo que en el cuarto curso (la verdad es que no lo recuerdo), a la clase en la que yo estudiaba. A Jongbum lo conocí en el trimestre anterior (si no me equivoco). Desde los primeros días Jang me pareció un chaval raro que aunque no me molestaba ni me caía mal, me resultaba peculiar. Muchas veces antes o después de clase me decía “a ver si un día vienes a mi casa y comemos comida coreana”, a lo que yo asentía de forma educada pero, como no sabía muy bien de qué hablar o qué hacer, no di pie a que esa cita sucediera. O por lo menos no tan pronto. Jongbum, con su manía de tocarse el flequillo cada tres segundos se me antojaba graciosamente amanerado. O por lo menos lo suficiente como para reírme unas cuantas veces.
Decir que ellos fueron las personas que más me ayudaron cuando lo necesité sería mentira. Aunque no me guste decir nombres, debería hablar de gente como Iván, Jorge o Fred, personas que directamente me abrieron las puertas de sus casas o de sus carteras cuando las cosas se me presentaron peor de lo que me imaginé… Indirectamente, gente que me ayudó o me aportó conocimientos y experiencias… siendo conscientes o no de ello… hay demasiadas personas para hacer una lista sin que se me olvide alguien…
Pese a todo eso, Jang y Jongbum, Jongbum y Jang, me presentaron una pequeñísima muestra de cómo son los coreanos. Y me encantó. Me abrieron las puertas de sus casas desde el primer momento (aunque me costase aceptar la invitación). Me enseñaron sus costumbres. Sus recetas. Sus formas de pensar. Me dejaron dormir con ellos. Ducharme en sus casas. Pasearme en calzones. Se tiraron pedos a mi lado. Me dijeron que se arrepentían de no haberme invitado antes. Me dieron parte de la comida que sus madres les habían mandado…
Dos días antes de volar a España, me despedía de forma rápida de Jang, después de haberlo hecho de Jongbum, diciéndole que le llamaría al día siguiente para darles un último adiós a ellos y otros amigos en común y aprovechar para tomar algo o cenar.
No lo hice.
449. La señora Tanaka
Jan 7th
Enfundado en mi camisa blanca y americana, vi como la puerta de la segunda planta se abría y tras ella entraba la señora Tanaka acompañada. Sabía que venía a hablar conmigo. Sabía qué me venía a decir. Aun así, no pude evitar empezar a sudar, tensar la espalda, el cuello y ponerme nervioso…
“Fran san, nos sentamos allí y hablamos”. No, eso es lo que hubiese preferido responder… pero evidentemente afirmé “いいよ”. Estaba contento por haberle tratado siempre de forma jocosa y con respeto a la vez que usaba un vocabulario menos formal adrede y aunque estaba delante de la situación más seria hasta la fecha, no quise perder mi informalidad formal. Dejé mi bolígrafo rojo sobre los papeles en los que trabajaba y me levanté para acompañarles a la mesa de al lado. Esperé a que se sentaran e hice lo mismo frente a ellas. La señora Tanaka siempre me había parecido la más fría e impredecible de las personas con las que había tratado dentro de ese edificio con tantas plantas y, de repente, me hizo apretar los dientes con fuerza.
Alcé la vista para mirarlas a la cara por primera vez ese día. “Fran san, estamos muy contentos contigo” empezó a decir mientras sus ojos se humedecían. “Debido a la crisis en la que todos nos encontramos, no hay trabajo, si hubieras llegado hace un año te hubiéramos contratado, pero ahora…” La señora Tanaka estaba llorando… “No se preocupe por favor” respondí, “ya sabía que no hay trabajo suficiente y por no crear una situación como esta, había pensado no preguntar si cabía la posibilidad de ampliar mi contrato”. Se sorprendió, me dio las gracias y me ofreció toda la ayuda que necesitara durante el tiempo que me quedaba (ayuda con el idioma, días libres, absoluta flexibilidad en el horario, referencias…) Insistí en que no quería días libres y que quería trabajar hasta el último minuto si me lo permitía. Y así fue.
El momento llegó. Recogí mis cosas y volví a casa. Me senté delante del ordenador y empecé un correo “Sra. Tanaka san, quiero darle las gracias por cómo me ha tratado durante todos meses. Siento haberme ido hoy sin despedirme, pero no sé decir adiós. Espero no haberla ofendido y si lo he hecho le pido perdón de corazón. Gracias”
Hablé de las lágrimas de aquel día con diferentes personas y algunos españoles apuntaban directamente a “lágrimas de cocodrilo” a una farsa… pero sólo yo estuve sentado delante de la señora Tanaka.

442. Mary Jane
Oct 8th
Esta entrada está dedicada a todos los que, como Rick James (temazo), tú… o yo, estamos enamorados, de una manera u otra, de Mary Jane.
Con los primeros meses de calor en los que el Sol aguanta más ahí arriba, a mi mente vienen recuerdos del sexo que tuvimos el año anterior sin importarme que jugase a la vez con otros tíos y al final me abandonase. Sólo quiero verla crecer en mi terraza, semana tras semana. Cada uno de sus poros desprende ese perfume que me hipnotiza y su cuerpo es el deseo de muchos que la ven desde la calle.
Cuando me acerco y toco su piel de color perfecto, su presencia se queda en mis manos como ninguna otra lo hace. Sexualmente pegajosa.
Reconozco su olor inconfundible, sé que se lo está haciendo con otros, pero no importa, cuando yo estoy con ella, me la follo a mi manera. Como sólo yo lo sé hacer. Sabiendo que, otra vez, me volverá a dejar sólo y no la volveré a tener hasta el año siguiente…


