492. Entrenamiento de jiu-jitsu y grappling con Carlos Calderón
“Las peleas terminan en el suelo” Royce Gracie.
Y vuelta a las andadas, con la simpatía que le caracteriza y mensajes como “inútil, necesito que vengas a grabarme”, el faixa preta, compañero, maestro y sobretodo colega Carlos Calderón, me sacó de la cama con gastroenteritis una mañana de fiesta y me puso cámara en mano a grabar un poco para hacer publicidad del seminario que mañana sábado impartirá en el gimnasio Pride Fitness Center de Dubai.
Grabamos por la mañana temprano e hicimos una selección rápida de algunas técnicas y montamos el video por la tarde…
Esta no es una entrada de “mirad que video más chulo he hecho”, es una entrada para invitaros a probar esos deportes de contacto menos famosos y más jóvenes que el judo, el tae kwon-do, el karate… Invitar a las chicas a practicar jiu-jitsu por deporte y para defenderse de esos hombres que abusan de su fuerza e incluso las acosan…
Y recordad, ningún hombre tiene el cuello o el tobillo lo suficientemente fuerte.
Charlie BJJ and grappling training from Cerdanyola Fight Club on Vimeo.
491. Miedos
Todos los hombres deben enfrentarse al menos una vez a sus miedos.
¿Cuántas veces nos hemos peleado? Tu enfermedad no te dejaría recordarlo y mi cabeza es especialista en dotar de sobrepeso a las cosas buenas. Sólo cuando la razón merece la pena y hace años ya que ésta lo mereció. Atrás quedan soplamocos que me hicieron sangrar por la nariz, la boca y el oído cuando apenas me alzaba un metro por encima del suelo. Amenazas navaja en mano. Sillas en mano. Palos en mano. Golpes. Mascotas que no volvieron a casa. No podernos ver. Tener que vivir a escondidas. Que me echaras de tu casa, de mi casa… Más tarde volví con visitas en son de paz. Enseñándote la palma de la mano vacía como el que va a acariciar a un animal que sabe que le puede morder cuando menos se lo espere.
Cuando por esa enfermedad ya no eras el monstruo al que nadie se atrevía a plantar cara, alguna vez volvimos a discutir. “¿Es que ya no te acuerdas de todo lo que me has hecho?” te he dicho, “qué hijo de puta he sido” respondías entre sollozos cuando te lo contaba. No.
Por miedo siempre supe que no iba a estar cerca cuando llegase este momento. Siempre me equivoqué. Salí de la cama a las tres y media de la mañana y caminé más de una hora entre la niebla y la noche hasta el pie de tu cama. No me quise separar de ahí hasta el último momento, como el resto de tus hijos. Horas. Lucha, coño, pensé. Lucha. Pero ya no era una pelea. Déjalo ya, dejé de ser egoísta, déjalo ya.
La última bocanada. Abuelo y padre. He besado tu frente aún caliente. Gracias por todo lo que me has enseñado. Me has enseñado muchísimas más cosas de las que los dos nunca hubiéramos imaginado y he querido estar a tu lado apoyándote cuando fueras a plantarle cara a lo único que te ha dado miedo.
Gracias por todo lo que me has enseñado.
Todos los hombres deben enfrentarse al menos una vez a sus miedos.
490. Pasta para ramen
A los pocos días de tener el libro, empecé a divertirme.
Antes había hecho pasta un par de veces, pero era más una especie de espaguetis resultones producto de mezclar unas cuantas recetas que había encontrado por ahí. No estaban mal para llenar mi estómago, pero sin duda no era algo que hubiera dado de comer a alguien para impresionarle.
Así pues, libro en mano y centrado en la pasta, cacharros e ingredientes de por medio me puse manos a la obra. Mezclé. Dejé reposar. Comprobé la textura un poco falto de conocimientos. Amasé. Volví a amasar. Dejé reposar. Llevé a la máquina de hacer pasta. Volví a amasar. Una y otra vez… Y corté. Con el primer corte vi el primer gran error. Fatal. Pensaba que eran rollos demasiado largos y había cortado la pasta antes de pasarla por las cuchillas en piezas de aproximadamente veinticinco centímetros. Ahora me era imposible poner fécula de pata y guardar en buenas condiciones (grupos individuales del mismo peso aproximado). El resultado no era malo, pero estaba más lejos de ser bueno… ¡Qué coño! era malo, muy malo.

Pese a ello, cenamos un ramen dos días más tarde que, siendo generoso, le daba una nota de 2 sobre 10, aunque la pinta del bol con todos los ingredientes no era tan mala.
A los pocos días volví a las andadas. Un sábado a la una de la mañana. Volví a mezclar. Mismas cantidades. Dejé reposar. Mismo tiempo. Amasé en un único bloque. Volví a amasar y ya la empecé a notar la masa más blanda que la vez anterior. Pensé que quizá me había pasado con el agua, pero estaba segurísimo de que había puesto ese “aproximadamente 90% de 460 gramos de agua” (se reserva un 10% por si la mezcla estuviera seca y necesitase más). La dejé reposar y me la llevé a la máquina de hacer pasta. Copié mis pasos y… tremendo fracaso. Era incapaz de cortarla. Cada vez que lo intentaba, la masa se pegaba entre los rodillos manchándolo todo, quedándose pegada y robándome el ánimo a pasos agigantados a las tantas de la madrugada. Tras varios intentos fallidos. Más de dos horas de trabajo. Rondando las tres de la mañana… tiré la toalla. Lo dejé todo como estaba y sin pasar por la ducha, sucio, con un humor de perros y un bajón de cojones… me acosté.
La mañana del domingo quise seguir “jugando”, pero la masa estaba dura y se cuarteaba con facilidad. Todo a la basura y duro trabajo de limpieza.
La siguiente semana no quise hacer pasta. Vale, sí, miedo a volver a fracasar ¿y qué?… Así que me centré en los huevos hanjuku… y días después, cuando empezaban a parecer hanjuku de verdad, pensé que era momento de volver a la harina y el agua… aunque odio ensuciarme las manos trabajando. Con un par de excusas maravillosas que conseguí colarme a mí mismo, me hice un par de fintas y evité ponerme manos a la harina una semana más. No tengo ingredientes. Ahora ya no son horas. Me duele la espalda del gimnasio. Uy! Tengo trabajo al ordenador. ¡Qué se yo!
Mientras, encontré una tienda en Barcelona que me cautivó con su colección de harinas, arroces, legumbres de venta a granel. Así que compré harina de soja para hacer kinako gyūnyū con miel artesana de eucalipto en estas noches de frío, fécula de patata, harina de kuzu y una harina italiana especial para hacer pasta. Un poco más cara de lo normal, pero asumible. Algo reticente por el hecho de que los fideos de ramen no son pasta italiana… pero creo que eso son tonterías. Por lo menos hasta que la pruebe. Es harina de trigo.
… y con ganas y fuerzas renovadas, volví a encerrarme en la cocina. Tercer intento. Mismos pasos. Corrigiendo errores. ¿Qué opinan?

489. Divertirse haciendo pasta con la máquina de hacer pasta

En su momento, y tiempo después, el libro de cómo hacer makizushi creativo fue una sensación. Vale, por mi estantería ronda y no he probado de hacer ni una sola receta de todos esos malabarismos que recopila. Ni intención tengo. Pues bien, desde hace bien poco, se une a la familia este otro libro “Pastamashin de men dōraku”… algo así como “Divertirse haciendo pasta con la máquina de hacer pasta”. ¿Alguien sigue sin saber de qué va esto?
Una maravilla, oiga. Un romance a primera receta. ¿Y es que a quién no le gusta la pasta? Algún despistado habrá pensado “¡a mi!” mientras me leía… ¡te quieres ir!
Sencillo y lleno de buenas y apetitosas fotografías, empieza explicando cómo elaborar tus propios fideos, cómo cortar la masa con la máquina de hacer pasta, métodos de almacenaje, tiempos de cocción… Udon (goma, tōgarashi, yuzu, yukari), soba, reimen y pasta (espaguetis, tallarines…)


Por si eso no fuera suficiente: ingredientes, cómo amasar la pasta a mano, tiempos de reposo, cómo amasar y preparar la pasta en la máquina, cortarla, tiempos de reposo y secado, almacenamiento… bla bla bla… Incluye, además, unas cuantas recetas la mar de útiles. Desde una variación del ya clásico en mi casa nattō udon (aquí sin tortilla servida en finas tiras y pepino), los famosos yakisoba (aquí al vapor, apunten los que abogan por una versión más saludable), hasta diferentes tipos de platos de pasta italiana “a la japonesa”, pasando por variedad de (esto hay que aprenderlo) reimen y sin olvidarnos del motivo de la compra: la receta de ramen. Sí. Elaboración de pasta y algunas cositas más para hacer un sencillo ramen casero. Y eso es lo que vamos a hacer… poco a poco…



Vale no, poco a poco no.
Las últimas semanas he estado haciendo pruebas y buscando información extra todos los días. Fideos, huevos hanjuku y chaashuu sobretodo por ahora. Ya he perdido la cuenta de huevos hanjuku fallidos que me he comido en menos de una semana, pero algunos más de una docena. La evolución es práctica… hay que practicar todos los días. Todos. Hoy también.
488. Cinco minutos en… Las Ramblas
Ya no recuerdo cómo empezó esto de los “cinco minutos en”… vale, vale, es mentira, claro que me acuerdo: estaba con un colega en Shibuya y quería hacer un video diferente a todo lo demás que había visto antes. No mejor. Diferente. Así que pensé en hacer una toma larga y sin mover la cámara. Seguramente no estaba inventando nada, pero no recordaba haberme cruzado con nada parecido. Mi intención con ese video era la de aburrir. Aburrir al 90% de la gente que hace clic en el botón de reproducir. Ese otro 10% lo vería como el que espera a un amigo o se sienta en un banco a simplemente no hace nada más que ver pasar gente. Mmm… quizá desmitificar un sitio famoso por sus imágenes espectaculares de neones e infinito vaivén de trenes y personas intentándolo convertir en el sitio normal y aburrido que es.
El caso es que después de rehacer la mayoría de vídeos de la serie porque las cabeceras me parecían horrorosas, después de ver lo mal que trabajé con los archivos de la Handicam de Sony y de lo mal que grababa aquel trasto en según qué situaciones, me entraron ganas de salir a la calle y ver qué podía hacer con buena luz y una máquina algo más moderna.
No tenía intención de editar video, ni de pasarme horas que no tengo delante del ordenador, quería grabar, volcar, corregir exposición, colores y poco más… y qué mejor manera que retomar aquella vieja serie de “Cinco minutos en…” con un pequeño homenaje a esas ramblas que tanta diversión y buenas memorias me han dado? Las Ramblas de Barcelona.
Y nada, los que no se hayan aburrido lo suficiente tienen el resto de la serie en Vimeo, que no son pocos.
487. 45 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya

Por tercer año consecutivo, vuelvo al Festival de Cine Fantástico de Cataluña en Sitges. Un día antes de que empiece. Once días de trabajo intensivo encerrado en un cuarto con moqueta. Buena gente, eso sí. Buen cine, también, en este evento que es un referente y que en sus cuarenta y cinco años de historia (que se dice pronto) ha contado con innumerables caras famosas.
El año pasado me sorprendió The Yellow Sea de Na Hong-ji. Me hizo retorcerme en mi butaca Outrage de Takeshi Kitano. Me emocionó Momo e no tegami de Hiroyuki Okiura. Me reí, bailé y canté con las casi tres horas de Endhiran de Shankar… Los silencios de Drive, la ausencia de sexo en el sexo de Sleeping Beauty…
Este año aun no ha empezado aunque ya hemos trabajado muchas personas, muchas horas… Vuelvo a currar en la planta menos uno, comer en la cero, dormir en la tres… pero disfruto cada mañana cuando me levanto a plantarle cara a esas no menos de diez horas de faena que me esperan. Desayuno revisando lo que he hecho el día anterior en la mano como sé que hacen algunos cientos de personas y aunque vea errores y cosas que cambiaría… un trabajo bien hecho no se paga con dinero, se cobra en satisfacción personal. Incluso cuando sabes que no es, ni de lejos, perfecto.
Si tenéis la oportunidad, en serio, no dejéis de pasar por Sitges estos días. Lo merece el pueblo, el cine, la zombie walk, la gente, el ambiente…





