454. Sin título

453. Conversations wit a stranger

Después de haber dado varias vueltas por la estación para asegurarme de que no había ningún sitio donde poder acomodarme, volví a tomar la salida Oeste, me senté frente a la tienda de conveniencia, justo donde poco menos de una hora antes había visto una cucaracha. Con una de las mochilas como almohada y agarrado a la otra con la intención de que si me quedaba dormido y alguien tiraba de ella me despertara… cosa poco probable, me tumbé en esas maderas duras como maderas. Cerré los ojos en busca de unos minutos de sueño para dejar pasar por lo menos media hora para volver a llamar a esa persona que había dejado tirada en medio de la nada sin absolutamente ni un duro de forma accidental. O mejor dicho, llamar a la persona que me había dado todo el dinero que tenía para que yo pudiera seguir mi viaje, y se había despedido de mi a las diez de la noche a muchos kilómetros de algún lugar que conociéramos… Volvería a meter una moneda de cien yenes en la cabina que me regalarían dos míseros minutos de conversación de los cuales uno y medio me los pasaría pidiendo perdón mientras me secaba las mejillas con la mano que no sujetaba el teléfono.

El cosquilleo de una araña en mi oreja derecha me hizo abrir los ojos y perder la concentración. Volví a mirar el dinero en mi cartera. Dos billetes de mil y una moneda de cien yenes. Volví a mirar la hora en el teléfono y apenas habían pasado siete minutos desde que la miré por última vez. Me senté intentando buscar la postura más cómoda agarrado a mis cosas…

Frente a mi, a unos cinco metros, se paraba en la sombra que proyectaba un árbol a la luz de las farolas un chaval con una camiseta y gorra Stussy. “Are you a tourist?” me dijo… sin muchas ganas de conversar repliqué “yup” moviendo la cabeza de arriba a abajo. En un inglés incluso peor que el mío, siguió preguntando “you lost train?“, “naah, I’m just waiting the first one to Nagoya airport at six am“. “Where are you from?“… “Spain“, “from Spain?“… “yup! from Spain“… Una conversación muy lenta y aburrida, como aquella vez que me pararon los mormones por la calle. Entonces el chaval se acercó un poco más dejando su cara a la vista y me dijo “do you want to come to my house until you come back to take the train?“. Con los ojos rojos analizando al veinteañero, le dije “man, I don’t have money to pay u“… “I don’t want money, I live right there and if you want to come, you are welcome“. Resoplé y acepté la invitación. Me sequé los ojos en la manga de mi camiseta como un niño y me dije a mí mismo que no era justo que a mi me ayudara alguien mientras la persona que me había dado todo estaba en la calle pidiendo dinero a desconocidos para poder volver a su casa. “No es justo”. Agarré mis maletas y le seguí hasta el portal del edificio contiguo al parque.

Entramos en el ascensor, pulsó el botón con el número cinco y en breve estábamos entrando en su apartamento de apenas veinticinco metros cuadrados. Lleno de ropa limpia y sucia por todos lados. Colgada de las cortinas. En el suelo. Sobre la cama. Quitó lo que había sobre el sofá de piel para ofrecerme asiento mientras apartaba las cosas sobre la cama para hacerse un hueco. Agarró un paquete de cigarrillos y me preguntó si me molestaba que fumase. “Shit! It’s ur house, and you are maikin’ me a big favor“. Encendió un pitillo, sacó de la nevera una botella de té verde y me ofreció. Denegué y empezamos a hablar.

Supongo que como cada vez que hablas con alguien que no conoces, las primeras preguntas son las mismas “¿qué te gusta de Japón?”, “¿por qué has estudiado japonés?”… pero después, poco a poco, la conversación se fue convirtiendo en algo más interesante y distendida. Como casi siempre también, como buen comedor y sin intención de que así sea, acabo pasando horas hablando de comida. “What’s your favourite japanese food?” preguntó, “man, fuck sushi and all those sushi tossers, best japanese food is ramen, no wonder“. Sonrió “Everytime that I travel out of Japan, first thing I want to eat when I’m back is ramen. Ramen is best“. Entonces pregunté yo “but wich ramen style u like? I hate this thin meat on Fukuoka’s ramen“. El chaval, que no paraba de reír, dijo “not so many people knows it, but best ramen is Yokohama style“. Me dejó de piedra “daaamn true!“. Le dije que había vivido durante un año en Hiyoshi y él que había estudiado dos años en la universidad a tres minutos andando de mi casa, la Keio. “Did you eat ramen there?” siguió preguntando, “Fuck, yes!” respondí, “What’s best one?“… “Musashiya!!“, pero el mostró disconformidad “nooo, Rasuta is better“. Entonces analizamos ambos restaurantes que sin duda eran los mejores haciendo dicha sopa japonesa. Yo dije “in Rasuta, da sits fixed to da floor that don’t let u get closer or far to da other people, and da j-pop bullshit music fo’ teenagers they play often sucks. Da name is RASuTA, they should play raw reagge, shit, da boss should say so to da people that do baito there!“. “Agree, agree, you are right” dijo, y no esperaba menos con un poster de dos metros de Bob Marley en su habitación. Pero, puso un pero “but noodles in Rasuta are better than in Musashiya“. “Ok, maybe, but rice is free in Musashiya, u must pay 50 yen for a very small bowl of plain rice in Rasuta. Man, I’m a big eater, I know what I’m talking about…” Me volvió a dar la razón pero no conseguí que se bajara del burro “Rasuta is better“. “Naah! U don’t have fuckin’ idea“. Entonces le expliqué lo mejor que pude con mi mal inglés mezclado con palabras en japonés “Musashiya mise is much more romantic, small and warm place, light makes the place much more comfortable. They have big rice murio de. Man, have a hot ramen bowl wit katamen and da big bowl of rice, scratch goma, put ninniku, deep da meat deep inside da bowl soup to it gets softer, take some spinach and put it on a side of the rice bowl, weet a nori, take it and eat it wit the rice… that’s amazing. Then u eat the ramen, sono ato, take some soup wit da spoon and put it in da leftovers of rice. Thaaat’s da best part… da stock of ramen has negi, meat, fat, goma, ninniku, nori, and makes the rice taste amaaazing!“. Mi nuevo amigo, sin poder cerrar la boca de lo que se reía me dijo “where did you learn to eat ramen like that?“. “Seito, I told ya: I know what I’m talking about. I’m a ramen masuta”. Unos cuantos cigarrillos más tarde y bastantes carcajadas, insistía en que Rasuta hacía el mejor ramen, pero que seguiría mis instrucciones para degustar semejante manjar la próxima vez que tuviera un “Yokohama style” delante.

Repasamos con detalle varios de los restaurantes de la zona que ambos habíamos catado en diferentes años y momentos, pero que a los dos nos habían gustado. Coincidimos en que para las pocas cosas que hay en ese barrio, hay muy buenos y baratos sitios donde comer. Le recomendé el mejor okonomiyaki que me he comido y me dijo que sin duda lo probaría cuando volviera a Tokio. Le recomendé el “restaurante de mi amigos” y le dije que dijera que iba de mi parte que sin duda le tratarían como en pocos sitios… Con los primeros rayos de sol, la cara del anfitrión entró en sueño y le dije que había llegado la hora de irme. Intercambiamos datos y le aseguré que volveríamos a encontrarnos y comeríamos juntos.

Agarré mi maleta. Mi mochila. Le di las gracias repetidas veces y el a mí “I wanted to talk in English with somebody, long time without using it and it’s getting worst very fast“. “Let’s keep in touch by mail” repliqué. Le di la mano por tercera vez “u have a brother in Barcelona“. Cerré la puerta y busqué la cabina de teléfono más cercana que me regalase dos minutos de conversación por una moneda de cien yenes.

452. Asashoryu se retira

Hoy es, sin duda, uno de los días tristes para el sumo. Hace no muchas horas el yokozuna de origen mongol Asashoryu, anunciaba en una rueda de prensa llena de lágrimas, que se retira. Deja atrás una carrera llena de controversia dentro y fuera del dohyō.

A mí, que personalmente me suelo identificar con las “personas malas” que se justifican con una causa (o yo creo que lo hacen), Asashoryu me gusta. Me gusta mucho. Su causa y justificación es muy sencilla: ama el sumo. Por encima de muchas otras cosas, de muchos comentarios, de otros rikishi educados y que saben guardar las formas. Asa ama el sumo y pongo la mano en el fuego por ello. Además, cargar con el peso de ser el más odiado de entre todos los competidores, no es poca la presión que debe ejercer en la cabeza y el corazón de uno, por muchos rivales que haya puesto en el suelo… Pese a eso, no es suficiente razón para destacar por malos modales en un deporte lleno de tradición, cortesía, respeto…

Desde mi punto de vista, el papel que hace en dicho deporte es muy importante. Una de las personas con más carisma, que no pasa desapercibida para nadie. Alguien a quien amas u odias. Por eso pienso que el sumo pierde a uno de sus hijos maleducados, pero que no por eso merece menos cariño que los demás. Los combates entre Hakuko y Asashoryu con prácticamente todos los espectadores deseando ver perder al, a veces, irrespetuoso yokozuna ya son historia.

Una lástima no poder volver a disfrutar de semejante espectáculo con el corazón en el puño apoyando a Asashoryu para que se alce con la victoria delante de todos los haters

451. Aurelio LOMOs Barcelona

Sólo hay un motivo por el cual, nunca me cansaré de hablar mal y quejarme de la ciudad de Barcelona: la amo.

Estas tres fotografías están hechas con una LOMO Horizon Perfekt por Aurelio Santos. Me encantan.

450. La otra fotografía

Hace ya bastante (tanto que no recuerdo cuanto) que David Morales tuvo la amabilidad de invitarme a formar parte de la exposición conjunta que se realizaba en la sala SOHO de Osaka.

Me dijo que quería hacer una exposición con fotos de mujeres desnudas indiferentemente de la calidad de la imagen, lo que le preocupaba realmente era que saliese carne “si se ve pelo, mucho mejor” insistió. Tras un largo rato de debate, conseguí convencerle de que prefería mostrar otro tipo de arte… que a mí eso de los desnudos sin justificación no me acaba de convencer… Bueno, hace tanto tiempo de esa conversación que es muy posible que no fuera así exactamente… sí, puede que no…

La fotografía que se enmarcó y se colgó en la pared de la galería junto a obras de gente como el mismo David Morales y muchos otros que no nombraré por respeto a las personas de las que no me acuerdo mucho (o nada)… fue la que sigue a estas líneas. Un disparo que realicé en mis vacaciones de enero de 2009. Recuerdo que, como un turista más, anduve caminando las calles de Barcelona recopilando instantáneas cámara en mano, para regresar a Yokohama y enseñarles paisajes urbanos, detalles y sitios de la Ciudad Condal a mis amigos coreanos, japoneses, chinos, madrileños (no, madrileños no, que les entra envidia y se enfadan…)

… pero la verdad no es si no que yo quería colgar otra imagen dentro del marco. La que pone fin a esta entrada. Fue entonces cuando David me gritó, me levantó la mano en un claro signo de violencia y gritó algo así como “¡si no salen tetas pon algo que esté mejor!”. Bueno, no estoy del todo seguro de que pasase así… hace tantos meses…

Seguí escarbando en mi biblioteca entre sollozos y sorbiendo mocos hasta que encontré la foto anterior, la de la Casa Batlló, obra del arquitecto Antoni Gaudí i Cornet (la casa, no la instantánea). Después de muchos minutos de ajustes y retoques (y es que cada vez estoy más seguro de que los fotógrafos –y aficionados– somos mentirosos… y nada objetivos… y que es mucho más mentiroso el que se intenta convencer de que sus obras plasman la realidad porque no han pasado por Photoshop pero sí por la mierda de minilab de Fotoprix –por citar uno– o el minisoftware de interpretación de jpeg de su cámara de 100€)… ¿Por dónde iba? Me he perdido entre tanto guión medio, puntos suspensivos y paréntesis… ¡Ah, sí! Después de trabajar largo y tendido la primera imagen. Levantarme del asiento. Mirarla de lejos (no muy lejos que se me juntan los detalles). Tomarme un chai caliente. Volverme a sentar… no me cabe duda que fue buena idea cambiar de opinión. Al raw que yo había escogido no le podría haber sacado tanta información y pese a que la composición de la foto de aquí abajo me sigue pareciendo más fresca y rica (sigo hablando de fotografía, no de cocina), aun pienso que hice una buena elección con la Casa Batlló.

Gracias David, por dejarme formar parte del evento y por ayudarme a escoger mejor mi trabajo. Un saludo.

449. La señora Tanaka

Enfundado en mi camisa blanca y americana, vi como la puerta de la segunda planta se abría y tras ella entraba la señora Tanaka acompañada. Sabía que venía a hablar conmigo. Sabía qué me venía a decir. Aun así, no pude evitar empezar a sudar, tensar la espalda, el cuello y ponerme nervioso…

“Fran san, nos sentamos allí y hablamos”. No, eso es lo que hubiese preferido responder… pero evidentemente afirmé “いいよ”. Estaba contento por haberle tratado siempre de forma jocosa y con respeto a la vez que usaba un vocabulario menos formal adrede y aunque estaba delante de la situación más seria hasta la fecha, no quise perder mi informalidad formal. Dejé mi bolígrafo rojo sobre los papeles en los que trabajaba y me levanté para acompañarles a la mesa de al lado. Esperé a que se sentaran e hice lo mismo frente a ellas. La señora Tanaka siempre me había parecido la más fría e impredecible de las personas con las que había tratado dentro de ese edificio con tantas plantas y, de repente, me hizo apretar los dientes con fuerza.

Alcé la vista para mirarlas a la cara por primera vez ese día. “Fran san, estamos muy contentos contigo” empezó a decir mientras sus ojos se humedecían. “Debido a la crisis en la que todos nos encontramos, no hay trabajo, si hubieras llegado hace un año te hubiéramos contratado, pero ahora…” La señora Tanaka estaba llorando… “No se preocupe por favor” respondí, “ya sabía que no hay trabajo suficiente y por no crear una situación como esta, había pensado no preguntar si cabía la posibilidad de ampliar mi contrato”. Se sorprendió, me dio las gracias y me ofreció toda la ayuda que necesitara durante el tiempo que me quedaba (ayuda con el idioma, días libres, absoluta flexibilidad en el horario, referencias…) Insistí en que no quería días libres y que quería trabajar hasta el último minuto si me lo permitía. Y así fue.

El momento llegó. Recogí mis cosas y volví a casa. Me senté delante del ordenador y empecé un correo “Sra. Tanaka san, quiero darle las gracias por cómo me ha tratado durante todos meses. Siento haberme ido hoy sin despedirme, pero no sé decir adiós. Espero no haberla ofendido y si lo he hecho le pido perdón de corazón. Gracias”

Hablé de las lágrimas de aquel día con diferentes personas y algunos españoles apuntaban directamente a “lágrimas de cocodrilo” a una farsa… pero sólo yo estuve sentado delante de la señora Tanaka.